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De pollos, hormonas y marketing emocional

Al que dude del poder que tiene la publicidad sobre el subconsciente puede interesarle saber acerca del tropiezo de un tribunal con un eslogan que, literalmente, “agitó el gallinero”.

PUBLICIDAD ENGAÑOSA, claman. Aquella que “sea entera o parcialmente falsa, o que, de cualquier otro modo, incluso por omisión, sea capaz de inducir a error al consumidor (…)”

Y es que el consumidor es delicado, hoy más que nunca, al estar expuesto a la cantidad insana de información que le ponen en frente. Y porque el poder de la publicidad sobre el subconsciente va más allá de lo que cualquiera imagina.

¿Pero hasta dónde va este paternalismo legal cuando se trata de publicidad?

¿Qué tanta libertad creativa tenemos a la hora de crear una campaña?

 

La frase prohibida

Sucede que una empresa dedicada a la producción de pollos y productos derivados de ellos decidió un buen día realizar una campaña publicitaria centrada en el eslogan “Alimentados sin Hormonas”.

Y se vino la polémica.

Las autoridades protectoras de consumidores decidieron que esta campaña calificaba como “publicidad engañosa y comparativa sancionable”, a pesar de haber aceptado que, en efecto, el dato era verdadero.

Repito, el dato era verdadero: los pollos NO estaban siendo alimentados con hormonas.

Porque hacerlo está prohibido, y ni la empresa en cuestión ni ninguno de sus competidores podría haber estado haciendo esto ―al menos legalmente―.

¿Dónde está el problema, entonces? ¿No se puede usar como eslogan una afirmación verdadera?

Siguiendo esta lógica, tampoco podría publicitarse que un negocio venda “camisas 100% algodón orgánico” aunque esto fuera realmente así (¿?)

Ahí es donde entra a tallar el subconsciente y la interesante interpretación de la frase por parte de la empresa sancionada y la autoridad.

 

El miedo y el arte de fingir demencia colectiva

El eslogan “alimentados sin hormonas” fue condenado por afectar la dignidad, salud, seguridad e intereses económicos de los consumidores de pollo.

Escandaloso desenlace, ¿no? Pero en teoría, la intención original de esta publicidad era otra.

Pretendía eliminar un mito presente en el mercado nacional entero, y no realizar una comparativa con la competencia argumentando su superioridad.

Es decir, apuntaba a un factor totalmente subconsciente del consumidor, a tocar un miedo intrínseco en el mercado al que se dirige.

Para entenderlo, hay que interpretar bien el contexto.

 

El público en particular

Muchos dan por sentado que los pollos que compran estan alimentados con hormonas, a pesar de que esté prohibido (hecho que, al parecer, ignora mucha gente). Compran, pero no hablan de ello.

¿Por qué, si las autoridades se encargan de realizar los análisis correspondientes a todo el sector, se sigue dudando sobre la utilización de hormonas en la cría de pollos?

Más importante aún: ¿por qué el miedo a tocar el tema?

La cuestión es que simplemente no se habla de esto. Como bien lo catalogó la empresa, “más bien parecería que se trata, para ellos, de un tabú”. Si no se habla de ello, no existe.

Lo que los paraguayos hermosamente llamamos “hacerse del ñembotavy“.

Que los dioses emplumados nos libren y guarden de una publicidad que meta el dedo directamente en la llaga.

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¡No se diga más!

Aquí radica el argumento principal de la autoridad. Simplemente mencionar que los productos de esta empresa no contengan hormonas induciría a creer que es “mejor que el resto de sus competidores”, generando dudas sobre si las demás empresas estarán utilizando hormonas. A pesar de que esté prohibido, vale reiterar.

En síntesis, se estaría confundiendo a los consumidores, generando la percepción de que algunos sectores del rubro sí infringen la prohibición de alimentar a los pollitos con hormonas.

Dejando de lado toda apreciación ética, la genialidad de esta publicidad radica precisamente en esto.

En tocar un punto incómodo.

Porque el mito existe.

El tabú existe.

Y aunque todos sepamos que está prohibido usar estas técnicas, todos dudamos. Las autoridades mismas dudan. La competencia especula.

Y solo por si acaso, compraremos el pollo que aseguran que está alimentado sin hormonas.

2 comentarios en “De pollos, hormonas y marketing emocional”

  1. Realmente interesante, desconocía totalmente todo esto y creo que sería bueno crear mas de este tipo de publicidades ya que es una buena forma de empezar a disminuir los “tabúes” de muchos rubros.

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    • ¡Así es, Esteban! Estamos plagados de mitos y tabúes en muchos rubros y es parte de la educación general el poder eliminarlos… ojalá el Estado también lo viera así, así también daría mucha más oportunidad de acción a todos.

      Gracias por tu comentario 😀

      Responder

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